life style

New York Diary #3 - 100 días en NY

4:48:00 p. m.



Tercera y última parte de estos cortos 100 días.

¿Qué fue lo que más me gustó? Fueron varias cosas:

Independencia.- Vivir en un lugar tan seguro y tan chiquito (comparado con México D.F.) te da un sentido de tranquilidad infinita, la cual puedes usar para salir a las 11 de la noche en domingo, cosa que en México no podría hacer. En cambio, estando en NY un domingo a esa hora encuentras mil y una cosas que hacer y ver (suena raro, pero allá no lo es). El no tener a nadie que me espere o que sepa en dónde estoy o qué estoy haciendo y cuanto me voy a tardar hacía que todo lo tomara con calma a mi gusto y como yo quería hacerlo, aprendí a vivir como yo quiero y no como los demás creen que se debe vivir. 
O por ejemplo, ir a un concierto de Rock a quién sabe dónde por que te ganaste unos boletos... en México esto no es nada nada seguro! Pero allá... 
The Pretty Reckless día 2




Anonimidad.- Todos somos diferentes, todos somos raros y todos estamos en nuestro mundo. Regresando a la comparación con México, allí todos somos iguales, nos vestimos relativamente igual, no llamamos la atención y todo es muy normal. En México hay pocas personas que llaman la atención y las que lo hacen son criticadas y vistas mal. En NY, al haber un poco de todo nadie te ve raro si llevas un gato en la cabeza (me tocó ver a una persona así) o si estás vestido de amarillo fosforescente, o si estas todo tatuado o si eres hombre usas maquillaje. Puedes hacer lo que quieras sin ser juzgado; lo cual es sumamente librante. Yo no soy el tipo de persona a la que le gusta llamar la atención, por lo que esta tranquilidad no debería influir en mí, pero dejé de ser el punto de miradas como en algunos casos o lugares lo soy, para pasar a ser una niña cualquiera caminando por la calle. Esto lo noté desde que llegué, sin embargo, después de pintarme el pelo de morado lo comprobé aún más. Nadie me volteó a ver 2 veces, cuando en México eso hubiera sido sumamente raro. Dejas de llamar la atención, nadie sabe quién eres y a nadie le importa. Todos somos iguales y completamente diferentes a la vez.
Señor con un gato en la cabeza... ???



Contrastes.- Los edificios, las casas y las calles pueden ser perfectas. Puedes ver personas que claramente tienen mucho dinero haciendo lo mismo que tú. Pero en el momento en el que miras hacia abajo te puedes dar cuenta de la cantidad de personas pobres/homeless que viven en el mismo lugar. Y no nada más las personas, sino que también puedes ver edificios verdaderamente increíbles, con fachadas perfectamente cuidadas, pero en la esquina tienen más de 40 bolsas de basura.  Los contrastes son sumamente dramáticos y de cierta forma te mantienen con los pies en el piso.

Conocer a gente nueva.- Al vivir en una residencia me tocó conocer a personas de todos los países, todas las edades (casi) y todas las profesiones que te puedes imaginar. También pude ver la vida de mil y un puntos de vista diferentes. Esto me gustó muchísimo, porque toda la vida he estado acostumbrada a conocer gente con mí mismo “background” o al menos muchas ideas en común.  Pero, al conocer a una maestra de España de 38 años y a una DJ de Suecia de 27 y poder al día de hoy llamarlas amigas te das cuenta de lo diferente que es la vida fuera de México y de la cantidad de experiencias que en México es muy difícil vivir.  Otro ejemplo es Clair, una señora afroamericana de alrededor de 60 años que hacía la limpieza donde vivía. Podrá parecer imposible, pero nunca logré comunicarme con ella correctamente. No hablaba ni inglés ni español aun siendo ciudadana de EU. Pero algo muy claro es que las barreras del idioma son fáciles de tirar ya que por señales, gestos y más que nada amabilidad, disposición y una sonrisa siempre terminarás comunicando lo que quieres.
En los Cloisters 




Me regreso de este viaje con mil y un recuerdos. Desde la primera vez que me subí al metro en NY, hasta Halloween, (que hasta el día de hoy ha sido algo de lo más raro que he visto en mi vida); el primer día de clases y lo nerviosa que estaba hasta el último día al despedirme de todos; llegar a la residencia en donde iba a vivir, sumamente nerviosa después de un súper tour y conocer a mis súper roomates; despedirme de todos los de la cafetería a los cuales extraño demasiado… (No todos los días te llaman “El lucero de México” y  te dicen que vas a llegar lejos jajajaja!); las mejores dates y también la date más rara de mi vida (jajajaja); ir al concierto de mi banda favorita y ganarme un boleto para una presentación privada!; ir de compras en Black Friday; el atardecer más bonito que he visto en mi vida; ir al super en NJ (porque allá todo es más barato);recibir una carta firmada por todas mis amigas y un cupcake de recuerdo con una súper despedida en SerendipityIII, etcétera.


  
Niagara!!!



100 días muy cortos… quizás no vuelva a tener esta oportunidad, quizás la volveré a tener en unos meses. Sin embargo, todo lo que aprendí y descubrí siempre se quedará en mi mente, en mi forma de ver la vida y en mi forma de ser. Me llevo un cachito de cada persona que conocí y de cada lugar al que fui.

Ice skating in Briant Park

Volvería sin problema, al mismo lugar y a la misma universidad y con las mismas personas. 
Así etiquetaría mis 100 días allá: paz.

En algunos momentos claro que tuve preocupaciones y  ansiedad, sobre todo los primeros días, pero, una vez que pasaron las primeras 3 semanas, me di cuenta que la vida allá es mucho más fácil y tranquila que la vida en cualquier otro lugar. Incluyendo mi misma casa en México con mis papás y mis hermanos. El estar sola y solo tener que preocuparte por ti misma (de cierta forma es sumamente egoísta) causaba en mi interior un nivel de paz y tranquilidad que no había tenido en mis 24 años de vida.  Siempre he sido de las personas que se preocupan por demasiadas cosas. Al ser la hermana mayor siempre me he  preocupado por mis hermanos, por mis papás, mis abuelos; como lograr que no le falte nada a nadie y ayudar a todos. Puede sonar raro, pero esa siempre ha sido mi personalidad. Fue por esto que allá me sentí completamente liberada y en paz y también fue por esto que me costó tanto regresar a México.
Despedida María
Si me saco la lotería me regreso en menos de 1 minuto, pero a la vez volteo a ver mi plan de vida y pienso “a los 32 quiero tener mi primer hijo” a los “30 me quiero casar” “a los 26 quiero que mi consultoría sea exitosa”. ¿Me alcanzaría el tiempo para lograr todo eso si me voy? A veces pienso que claro que sí y no logro separar lo que quiero ahorita con lo que voy a querer en unos años.
Supongo que todos al regresar pasan por el mismo “síndrome de abstinencia”, en el cuál quieres regresar a como la vida era antes, pero a la vez sabes que a) no puedes b) no debes.

Así que no creo irme a vivir a NY otra vez… o al menos no pronto… quizás terminando la maestría?
Quien sabe…


See you soon, NY <3

Muchas gracias a todos los que leyeron estos 3 posts sobre mi vida en NY. Me gustó mucho escribirlos y creo que voy a disfrutar aun mas leerlos en un par de años. Y también quiero darle las gracias a todos los que hicieron estos 100 días posibles.
Si están a punto de vivir algo parecido cuéntenos escríbanlo en la parte de abajo! También si tienen alguna pregunta o comentario escríbanlo abajo!

XXU

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<3